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Veredas rotas, plazas vandalizadas y contenedores incendiados: así amaneció la zona del Congreso tras los incidentes

Articulo: La Nación - Jesús Allende


Noelia, de 27, años, es empleada del restaurante Monday, que queda sobre Callao, justo enfrente de la Confitería del Molino, a una cuadra del Congreso de la Nación. Todavía estaba sorprendida por lo que había ocurrido ayer. “Comparada con otras de las últimas marchas, esta fue la peor. Trabajo hace dos años, pero esta fue la más intensa y con más gente. Nos rompieron el vidrio del frente del bodegón cuando estábamos trabajando y teníamos miedo de que entraran al local los gases lacrimógenos de la policía. Se concentró mucha gente donde está el local”. En la esquina de Rivadavia y Entre Ríos, todavía se apilan los vallados y se ve el impacto de donde una piedra causó destrozos en el bodegón.


Con una victoria milimétrica, el oficialismo se impuso en el Senado con la “ley de bases”. Fue una jornada en que la violencia se trasladó a la calle con enfrentamientos de los manifestantes con la policía mientras se desarrollaba el debate. Se picaron las baldosas y bancos de piedras, se incendiaron contenedores de basura y vehículos, incluido una camioneta de Cadena 3 y algunos comercios de la zona sufrieron destrozos.


Por la madrugada, con la desconcentración de los movimientos sociales, la izquierda y agrupaciones kirchneristas, en las inmediaciones del Congreso solo quedaron testimonios de lo que fue la jornada. Pasacalles y cartelería política en contra de la sanción de la ley, pintadas en la calle borroneadas por el agua y cascotes desperdigados en los alrededores.


Según informó el Gobierno de la Ciudad, el costo total estimado por los destrozos de anoche en la zona del Congreso alcanza los $278 millones. “Entre reparaciones y limpieza, los destrozos que le hicieron a nuestra ciudad cuestan $278 millones. Veredas rotas, cordones, contenedores, tachos de basura, luminarias, bicicletas, bancos de plazas rotos, grafitis. No me vengan a decir que lo de ayer fue una manifestación pacífica, lo único que hicieron fue romper y violentar lo que nos pertenece a todos. ¿Por qué los porteños tendríamos que pagar el costo de esto? En nuestra gestión, el que rompe, también paga”, dijo el Jefe de Gobierno, Jorge Macri.


Y agregó: “Son delincuentes, hicieron un desastre, van a tener que pagarlo”.

De los costos, según el relevamiento del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana que se realizó entre anoche y esta mañana, corresponden $92 millones por el operativo de limpieza y reposición de materiales vandalizados; y $186 millones, por la reparación y recuperación de la Plaza de los Dos Congresos y la zona de influencia.


En el relevamiento, constataron 1700 metros cuadrados de césped irrecuperable por quemaduras y casi 3.000 más que se pueden reparar; 200 plantas ornamentales en el cantero central vandalizadas; tres bancos patrimoniales destruidos; ocho cestos fijos destruidos; 30 metros cuadrados de baldosas, grafitis y pegatinas en equipamiento, basamento de copones y solados;


Además, según informaron, los daños registrados en las luminarias significan unos $ 3,7 millones para su reparación.



Las tareas de limpieza, en tanto, están a cargo del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana y cuenta con 120 barrenderos, ocho hidrolavadoras, seis camiones recolectores, 20 supervisores, ocho brigadas de acción inmediata. El costo del servicio es de 62 millones de pesos, según precisaron fuentes oficiales.


Las tareas de limpieza comenzaron bien temprano y para el comienzo de la mañana el ritmo del día parecía normal con las bocas de subte abiertas, la gente ocupando las paradas de colectivo, comercios que empezaban a abrir y los vecinos saliendo de su casa para ir a trabajar. Más allá de la limpieza, los alrededores del Congreso parecían todavía en alerta: miembros de la brigada antiexplosivos con perros revisaban tachos y buzones, los vallados frente a la sede legislativa se mantenían en pie, había camiones hidrantes y también mucha presencia de policía y control sobre todo en los accesos principales del edificio.


Como un día hábil corriente por la mañana los comercios de la zona fueron levantando las persianas, los encargados de edificios fregaron las veredas y los barrenderos de la ciudad comenzaron a limpiar as calles y la plaza.


Para las 7.15. Los trabajadores de limpieza empezaron a bajar la cartelería y pasacalles. Retiraron carteles con las leyendas “a derrotar la ley de bases” del PCR, “la patria no se vende, no a la ley de bases!”, “el cielo no se vende, se defiende, defendamos aerolíneas argentinas” y varios pasacalles del gremio de panaderos.


Lauro, de 24 años, empleado de un maxikiosco sobre avenida Rivadavia, dijo: “Ayer abrimos igual, pero con la persiana baja, atendimos así. Por suerte no tuvimos problemas, lo más complicado de la marcha fue del lado de enfrente en Yrigoyen”.


Del lado de Yrigoyen, Carlos, de 54 encargado de un edificio que estaba en la vereda, dijo: “Para lo que era ayer la cantidad de suciedad y destrozos, la verdad que amaneció bastante bien; se ve que limpiaron en la madrugada. Acá se concentró mucha gente. Los que se movilizaron incendiaron los tachos de la cuadra y prendieron fuego maderas, pero ya en la madrugada estaba todo bastante bien”.


Cerca de donde estaba se podían ver los contenedores calcinados y las baldosas destruidas de la plaza. Los principales destrozos se vieron frente al edificio del Congreso, con baldosas y bancos de plaza reducidos para hacer piedras, tachos derretidos y tapas arrancadas de suministros eléctricos. Ya no quedaban indicios de los vehículos quemados que fueron retirados pero en la plaza quedaban restos de los distintos puntos que fueron focos de fogatas.


María, de 58 años, que trabaja en la zona, paseaba esta mañana sus dos perros. “La agresión que se vio ayer fue impresionante, mucha violencia contra la policía. Esto no se resuelve rápido, se necesita un cambio muy grande en el país. Fui muy triste vivirlo como vecina”.

La marcha impactó también en la actividad de una panadería de Rivadavia. Una empleada, que no quiso dar su nombre, dijo: “No hubo problemas acá pero tuvimos que cerrar el local toda la tarde para que no hubiera destrozos. No quedó otra que cerrar”.



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