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Los hombres, sufren violencia intrafamiliar?



Por extraño que parezca y posiblemente a causa del despertar social en cuanto a la violencia hacia la mujer, dejamos casi en la oscuridad, el maltrato y la violencia desde las mujeres hacia los hombres. Manipulación, amenazas, utilización de los hijos, falsas denuncias … la violencia siempre será un recurso innecesario, más allá de su origen y de su destinatario.






Por: Albana Cristina Ceberio

Periodista Argentina

albanacristinaceberio@gmail.com



En la época en que me tocó ser una niña, viví como hija, la violencia intrafamiliar. Era una vivencia cotidiana. Los golpes de mi padre hacia mi madre, las amenazas, las humillaciones y luego … WOW!!!! Algo que no entendía y me molestaba mucho, por aquel entonces: “la reconciliación”.


Sabía que era solamente un tiempo de espera para tomar aire, justificarse y volver a la guerra. En aquella época, la violencia era física y el resto, se interpretaba como simples problemas conyugales entre personas de mal carácter. Cuánta ignorancia!


Los tiempos han cambiado y lo que era un hecho de índole privado, se convirtió en una lucha social. Necesaria, pero desigual. Primero se reconoció que no se trata de “mal carácter o personalidad difícil o fuerte”, es violencia. Física, verbal, emocional, económica … VIOLENCIA y por tanto, INACEPTABLE.

Sin embargo, la mujer también ejerce violencia. El hombre, también puede ser víctima de maltrato. Lo más común se presenta en la etapa del divorcio. La manipulación con los hijos, es una de las actitudes violentas más comunes y penosas ya que no sólo se apunta al hombre, sino que en ese frenesí de venganza o castigo, se pasa por encima de los niños.


Creo que ya estamos en una época y a la altura de acontecimientos en que no debería distinguirse la violencia de acuerdo a quién va dirigida o de quién la ejerce. Es en esencia, un acto deplorable para cualquier ser. Con eso, debería ser suficiente.


Parte de la realidad, es que venimos de una cultura machista y pasamos sin escalas a una cultura feminista. Los extremos de la misma peste. Del pie del hombre sobre la cabeza de la mujer al pie de la mujer sobre la cabeza del hombre. Y en medio, una educación de mier… perdón, una educación inapropiada hacia los niños. Tan errónea que termina siendo un acto violento en sí mismo.


Enseñar a un hijo que no es de hombres llorar, que debe mantener las riendas de su matrimonio y controlar a su esposa. Como si los hombres no fueran seres humanos, el matrimonio fuera una pesada carreta de la cual tironear y la mujer un caballo desbocado al que hay que dominar.


Enseñar a una niña a comportarse a los doce años como una mujer de treinta, porque eso le da autoestima, valor y libertad. A una joven a humillar al hombre para no ser dominada, es sólo sembrar más violencia y rivalidad donde debe haber complemento y compañerismo. Y son sólo algunos ejemplos de, no sólo la educación que los propios padres brindan muchas veces a sus hijos, sino la que ofrecen muchos medios de comunicación, influencers, etc.

No hemos tomado conciencia que estamos formando o deformando a los hombres y mujeres del futuro. Nuestros hijos escuchan y ven cómo resolvemos las dificultades, cómo nos relacionamos, cómo reaccionamos y luego repiten.


Cuando una madre le habla mal de su padre a un hijo, está ejerciendo violencia contra ese hijo y su padre. Cuando una mujer manipula a su esposo utilizando a sus hijos, ejerce violencia contra ese hombre y convierte en objetos a sus hijos. Cuando una mujer impide una sana relación entre padre e hijos, ejerce violencia emocional contra ambas partes.


Si fue un mal esposo, es un problema de la pareja, nada tienen que ver los hijos. Resuelve el problema como un adulto sano, sin manipular y contaminar con tu decepción, frustración y enojo, la cabeza de los niños. Ellos también tienen derechos. Tu matrimonio terminó, pues intenta hacerlo de la mejor manera, sin abusos, sin venganzas, sin odio.


Para qué quieres aferrarte a algo que no funciona? Para qué aferrarte al rencor y envolver en ese infierno a tus hijos?


Los hijos no son nuestra propiedad, son seres independientes que nos necesitan para crecer. Luego tendrán su propia vida y tomarán sus propias decisiones. Es imperioso vigilar atentamente con qué los estamos alimentando. Con tus frustraciones por no haber sido feliz, por haber sido engañada, por celos y pensar que es mejor apartarlos de su padre para que no llamen mamá a otra mujer? En verdad necesitas envenenar la vida de tus hijos con lo que tú no has podido superar o aceptar?


Los hombres también sufren violencia, incluso física y es muy difícil enterarse de ello por los patrones culturales, ya que en lugar de recibir el apoyo que recibimos las mujeres, serían juzgados porque como ya vimos, “los hombres no lloran”, menos aún pueden recibir golpes. Sin embargo, muchos hombres lo viven en silencio.


Atados a un matrimonio sin amor o tóxico, intentan sostener esa situación para no perder contacto con los hijos, para no sentirse malos padres al dejar la casa familiar. Cuando te das cuenta que lo más conveniente y justo es sanar, incluso el terminar una relación es un acto de justicia. Porque todos los involucrados merecen una vida en paz, armonía, amor. Las cosas deben cambiar, dejar ir y comenzar de nuevo, si es necesario.


Permitir que nuestros hijos vean que el amor o el desamor de una pareja, nada tiene que ver con el amor de esos padres para con sus hijos. Es un maravilloso acto, no sólo de amor, sino también, de respeto. Cada uno tiene derecho a rehacer su vida y que los niños formen parte de esa vida.


Para obtener una sociedad sana, es imperioso dejar de repetir viejos patrones culturales que sólo nos han envenenado.


Una pareja camina a la par, se apoyan mutuamente, trabajan conjuntamente como equipo en una relación equilibrada. Educan a sus hijos dentro de un ambiente sano, de respeto y equidad. Porque cuando el amor se termina, debe quedar el respeto para la separación. De lo contrario, la violencia sólo cambiará de nombre, de forma, de persona, pero en definitiva, seguirá destruyendo vidas, sueños, relaciones.


Créeme, yo vi a mi padre golpear duramente a mi madre, la vi a ella llorar por los repetidos engaños; siempre las hijas en medio intentando hacer algo. Y luego, me tocó recordar los golpes de mi madre, los insultos, los gritos. Envueltos en una competencia de quién era más violento, terminé criando a mis propios hijos, con el ejemplo que mi imaginación me marcaba, al recordar mi infancia y pensar cómo me habría gustado que hubiera sido, cómo me habría gustado que actuaran mis padres.

Ese fue mi ejemplo a seguir, la antítesis de lo que vi en mis padres. Víctimas y victimarios. Un mundo de locura, tan absurdo como innecesario.

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